jueves, 23 de febrero de 2017

HIPERSEXUALIZACIÓN DE LA INFANCIA

Cuando aún tintinea en nuestra retina la imagen de aquel desafortunado disfraz de enfermera sexy dirigido a niñas de entre 4 y 6 años, y aún nos escuecen los ojos de tanto frotarnos para atinar a concluir que es cierto, y no un espejismo, que a alguien se le ocurrió que un atuendo más propio de una striper sería adecuado para niñas, sea cual sea la edad...

Otro despropósito más me hace pararme a reflexionar seriamente sobre el tema de la hipersexualización de la infancia. Que se nos va de las manos es evidente, pero vamos a poner las cartas sobre la mesa y buscar el modo de frenarlo, ¿no? ¿O seguimos mirando hacia otro lado?
Quiero aclarar que si no he abordado antes este tema ha sido por prudencia, por desconocimiento, por ser tan complejo que casi no sé apreciar donde acaba lo correcto y empieza lo incorrecto... pero ya son muchas las gotas que han colmado el vaso y me apetece dar mi opinión.
Hipersexualizar la infancia no creo que sea justo ni para los niños ni para las niñas porque tienen derecho a ser, justamente eso, niños y niñas


Escenas de la fantástica película Pequeña Miss Sunshine
¿Recordáis los biquinis con relleno? ¿La portada de una famosa revista en su versión infantil en la que aparecía una niña vestida de mujer y en una pose de clara carga sexual? ¿La publicidad de un conocido perfume que usaba dos niñas maquilladas y peinadas de modo nada apropiado? ¿Los concursos de belleza
Parecen casos aislados y de vez en cuando nos echamos las manos a la cabeza ante algo que a ojos de todos es muy descabellado. O somos un poco hipócritas, o no prestamos suficiente atención a los otros pequeños desaciertos, más sutiles o menos hirientes a primera vista, que nos acechan desde la publicidad, las marcas comerciales, los programas televisivos, etc. Me refiero, sin ir más lejos, a los zapatos de tacón que tan fácilmente encontramos para niñas bien pequeñas, a los mensajes de muchas prendas de vestir, a los productos de maquillaje, a los programas en los que niños imitan a cantantes, etc.


Como en tantos aspectos que afectan a los hijos (siempre son hijos de alguien), cabe confiar en el sentido común de las familias a la hora de adquirir cualquier producto para éstos; aunque no siempre es fácil cuando el uso generalizado de ciertas prácticas de venta casi consiguen normalizar lo que, en ningún caso, debería ser normal. Lo que hace una buena campaña de marketing...
Seguro que os habéis encontrado en la situación de querer regalar algo a un niño o niña y encontrarte con el amplio merchandising basado en series de televisión para adolescentes o preadolescentes pero consumido por un público de edad más temprana, muñecas muy maquilladas y con rasgos poco naturales, etc. Yo crecí entre Barbies y Barriguitas, tampoco estábamos a salvo en los ochenta de muñecas de medidas y rasgos que pronosticaban la aparición del Photoshop.
No creo que mis padres se plantearan qué modelo me ofrecían eligiendo una u otra muñeca. Pero yo sí me lo planteo. Estamos en otro momento, tenemos otros frentes y otras batallas, es necesario no tomárnoslo a cosa de poca monta, pienso que es importante ser crítico con lo que nos venden, sobretodo porque nos quieren vender mucho (como potenciales consumidores que somos), y porque cada vez las campañas publicitarias buscan más el impacto y carecen de  lo que, coloquialmente, llamaríamos escrúpulos. Y no hay otra, nuestra forma de rebelarnos pasa por no comprarlos.

Y, repito, no es fácil porque hay muchos frentes abiertos: juguetes, televisión, ropa, música... Pero también, y sobretodo, las palabras que usamos al dirigirnos y referirnos a los menores

Os pongo un ejemplo que aún tengo muy presente, dentro de un ámbito donde se cuidan mucho las formas, oí como una educadora saludaba a una niña de 2 años que entraba en la escuela con un "qué sexy vienes hoy". Sobran las palabras.

Y si con todo esto no tenemos suficiente, ayer me comentan que en la escuela de unos amigos les piden a sus hijos que un día de la semana de Carnaval los niños y vistan de niña y las niñas de niño. Y yo me pregunto: cómo puede ser que un equipo educativo (profesionales, en principio sensibles hacia la infancia, con una formación que un ciudadano de a pie puede no tener) haya pensado que se trataba de una buena idea. Obviamente, ni reflexión sobre construcción de la identidad, ni sobre autoconcepto, ni sobre género... 


Mi cara desencajada no le produzco la menor reacción a esta madre que ni se planteaba lo que yo, inevitablemente, sí. Vi un retroceso a la dicotomía "rosa-azul", al niño versus niña, al estereotipo resobado y casposo de cosas que se atribuyen a unos y otros. Estos mensajes llegan en un momento especialmente sensible, la infancia, en el que cada ser se trata de conocer a sí mismo, se está construyendo como persona. Con propuestas de este tipo les estamos diciendo que vestir falda es de niñas, que las corbatas son para ellos... Lejos de darles libertad para elegir.

Seguro que muchos habéis visto la campaña que muestra la reacción de unas niñas ante la consigna "corre como una niña" y la reacción de chicas más mayores ante la misma instrucción, en este segundo caso con una clara influencia de lo que la sociedad considera que es "correr como una niña"


Vivimos en una sociedad en la que las cosas de niños y las de niñas siempre van separadas forzosamente porque naturalmente a penas lo estarían

Volviendo a la escuela de mi amiga, yo como madre les pediría una explicación a estos profesionales para entender como con tanta ligereza están promoviendo una imagen poco respetuosa hacia el ser. Simplemente ser persona.