viernes, 30 de septiembre de 2016

FOTO DE FAMILIA

¡¡Hola!! Sabéis aquello de ¡por fin es viernes! Pues sí, hoy por fin llegó el ansiado día, y no es que tenga nada especial previsto para este fin de semana, ¡¡es que estoy agotada!! Miento, estaba agotada hasta que he llegado a casa y me he relajado pensando que tengo una larga tarde y dos días enteritos para reponerme jejejjee!! La mente es maravillosa :)

Esta semana ha sido una montaña rusa, en todos los aspectos: alegría y tristeza, euforia y super-choff, positivismo y negro-negrísimo... Lo mejor es llegar al viernes con alegría, euforia y positivismo!

Y esta semana estoy especialmente feliz porque Juno está contenta en la escuela, eso es lo más importante ahora mismo para mí, verla feliz, que juegue y que esté a gusto. No le pido que contenga sus lágrimas, al contrario, que exprese su enfado, su desacuerdo, su pena... que lo exprese todo y ahí estaremos nosotros para acompañar este proceso, y sus profesoras, a quienes ya pone ojitos ;)

Estoy encantada de vivir la experiencia de ser madre en la "escoleta", de preparar sus cosas, de estar pendiente de poner su babero por la mañana y recoger su bolsa con la ropita sucia por la tarde, de llevar su vaso, las fotos, etc. y sobretodo, lo mejor mejor del mundo, es recogerla por la tarde y llevármela conmigo. Ahora entiendo a las familias cuando abren la puerta y solo tienen ojos para su hijo, y como se les ilumina el rostro, porque a mí me sucede igual, cuando la veo en el aula me parece mucho más mayor de lo que es, la veo la cosa más preciosa del mundo y tengo unas ganas inmensas de abrazarla y comérmela  besos.

El domingo por fin nos hicimos la foto de familia que piden en la escuela, la tuvimos que hacer a posta porque no teníamos ninguna de los tres juntos, salvo la de Halloween... Es una foto muy especial, es la primera OFICIAL, y queríamos que fuese lo más natural y espontánea posible. Pues bueno, así somos nosotros, creo que nos representa muy bien esta imagen.




Eh, y para quienes no las hayáis visto, nuestra primera y única (creo) foto de familia fue esta:



Feliz fin de semana, espero tener un ratito para acabar esas entradas que esperan ansiosas en la carpeta "borrador" a ser terminadas y publicadas ;)

viernes, 23 de septiembre de 2016

VIDAS PERFECTAS

Buenas noches, hasta hace un momento llovía con ganas y el ruido de la lluvia me encanta para escribir, como ya me estaba rondando en la cabeza hacía rato el tema que a continuación podéis leer, ha sido sentarme frente al ordenador y poner el piloto automático. Ya es viernes, y hoy más que nunca, digo aquello de ¡por fin es viernes! porque ha sido una semana intensa y agotadora.

Ya lo decía esa persona tan lista... cuyo nombre no recuerdo jejje!! La perfección no existe y las vidas perfectas tampoco. Yo soy más de creer que en todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas. Por eso, cuando me pintan todo color de rosa se me frunce el ceño casi sin darme cuenta, mmm... algo no me cuadra.




Esta semana di, por casualidad, con una instagramer que con mucha gracia parodiaba las vidas perfectas de esta especie de divas y divos, tan tan estupendos en todo, que van al gimnasio con estilismos hipercuidados y pelo Pantene, que viven en casas que bien podrían ser estancias de hotel de cinco estrellas, que tienen cocinas que las de exposición de Ikea no les llegan ni a la suela de los zapatos, con libros y plantas y galletas recién hechas (libros y plantas!!!) y que posan como si estuviesen rodando un anuncio televisivo.

No hablo de fotos de estudio, de esas en las que intencionadamente se cuida hasta el último detalle, aunque a mí me gusten más las fotos de vida, ¡para gustos los colores! Me refiero a las que pretenden "vender" que la cotidianidad es, por ejemplo, desayunar en familia antes de ir al trabajo en una mesa en la cada plato de comida es una obra de arte. Que no digo yo que un día te salga una foto divina, porque a veces pasa, me refiero a cuando todo siempre se ve tan estudiado e irreal.

Con la maternidad, la cabra tira pal monte y yo todo me lo llevo a mi terreno como podéis ver, este tipo de mensajes pienso que son un peligro. Hace algo más de tiempo vi otra foto instagramera de una de tantas mamás perfectas (el 99% son mujeres) que pululan por ahí, en la que decía que su bebé había empezado a comer entero y blablabla... En la foto todo eran incoherencias, pero el conjunto daba una sensación de página de catálogo de la revista VOGUE home (si es que existe) que hasta producía cierto deslumbramiento. Se trataba de una más de esas escenas imposibles que tanto daño hacen a madres que en sus vidas reales (con sus inseguridades y sus presiones) creen que algo así verdaderamente existe.

Os describo la foto: aparecía un bebé de 5 o 6 meses con ropa que había estrenado aquél día y que no destacaba por su funcionalidad, sentado por un adulto en una postura que no había logrado por sí mismo y en la estaba visiblemente estático, sobre una alfombra de pelo color... venga que esta es buena: ¡blanco inmaculado! Comiéndose un aguacate. Yo he visto a miles de niños comiendo fruta y os juro que ese niño no estaba comiendo, habían puesto pegotes de aguacate en lugares estratégicos para tomar la fotaza.

Que os voy a contar madres autoexigentes y experfeccionistas, como yo, como cambia la historia cuando tus prioridades son en primer lugar, tu hijo, en segundo lugar, tu hijo, y en tercer lugar, tu hijo también. No creáis a estas madres 10 que fotografían su falso día a día donde nada es muy coherente, ni práctico, ni espontáneo. Sus hijos también se ensucian, se despeinan, desordenan, se mueven... aunque no lo parezca.

Mirad, nosotros desde que vivimos juntos, y gracias a tener un mini-piso, hemos tendido al orden y la limpieza, incluso en exceso. Los dos trabajamos a jornada completa, tenemos hobbies, formaciones... y nadie que nos friegue un plato. Pues desde que Juno tiene unos seis meses, hemos dejado de intentar que el piso esté perfecto, no es saludable, ante todo es un hogar y en un hogar se vive, se toca, se trastea... Ha tenido que venir Juno a mostrarnos una evidencia, ¡a veces nos complicamos la vida de una manera!

Las paredes tienen marcas que antes eran impensables y hay siempre algún juguete perdido por ahí y que aparece cuando retiras un mueble. Hemos puesto fundas a los cojines del asiento del sofá (las cosí yo misma cuando tenía más tiempo), Juno ha roto la tele, y no porque dejemos que juegue con ella, ha sido un daño colateral. La bañera ahora tiene antideslizantes, en la cocina siempre hay baberos y muselinas medio sucias...




En fin... cada vez más lejos de la perfección y más feliz

miércoles, 21 de septiembre de 2016

PROCESO DE ADAPTACIÓN

Al hilo de la anterior entrada, porque no puede ser de otro modo, estamos en septiembre y todo el mundo que tenga un niño cerca en edad escolar sabe que existe un monotema: el proceso de adaptación a la escuela. Yo también quiero dejar por escrito mi reflexión personal-profesional sobre este asunto, no tanto queriendo explicar el proceso, sino más bien compartiendo mis inquietudes al respecto.

Este año la adaptación/familiarización/acogida la vivo desde distintas miradas: la de profesional, la de niño/a y la de familia.

Inevitablemente, cada año me cuestiono como enfrentarme a esta situación tan complicada. Aunque como escuela tenemos una programación que orienta hacia donde van a ir dirigidos nuestros pasos, esfuerzos y atención, como educadora pienso siempre en mejorar, en intentar hacer más llevadero este trance. Y en eso me equivoco: la adaptación viene a ser como un parto, por muchos hijos que tengas, cada parto es único, y además duele, más o menos, pero no está exento de dolor. Es más realista prepararse para el dolor, que soñar con que no va a haber.

Por muy claro que tengas el tipo de adaptación “ideal”, hay más factores que se escapan de tu control que factores que realmente tengas controlados, y esto se da, principalmente, porque estamos hablando de personas, de un triángulo formado por tres ángulos muy distintos entre sí, con sus necesidades específicas, y que por el bien común, deben ir a una. Aun así, la situación no deja de ser “forzada”, porque el objetivo es adquirir una confianza que permita empezar a crear un vínculo a personas que acaban de conocerse y que, en cualquier otro contexto, se tomarían algo más de tiempo para lograr una complicidad. 

Otra dificultad añadida es que confluyen a la vez muchas adaptaciones, la de cada alumno, la de cada familia y la de los profesionales a los que se les adjudica el grupo.

Como profesional, pronto detectas las particularidades de cada niño y, con suerte, de sus familias. Pero a veces no llegas a todas las familias por mil razones: poco tiempo, estrés, ausencia de referentes implicados en la adaptación, indiferencia, falta de entendimiento… 

Pensad lo complicado que es acoger a personas con necesidades, expectativas, creencias y maneras de proceder diferentes desde una coherencia pedagógica a la vez que desde una cercanía humana.

Un hecho que me sorprende, es que la visión de grupo (más o menos numeroso) cree en algunas familias la ilusión de que es algo positivo, como si más niños fuese igual a más personas con las que jugar. Cuando la realidad es que, en un principio, se estorban más que otra cosa. Además, si nos fijamos, los niños eligen un número bastante reducido de compañeros de juego, realmente lo que cuesta es gestionar grupos con muchos iguales. Porque lo que sucede cuando hay muchos niños tratando de conocer a unas personas, conocerse entre sí y familiarizarse con el espacio y las nuevas dinámicas que todo esto implica, es que se produce cierto “caos”, cierto “ruido” de voces, llantos, quejas, movimientos, etc. y provoca malestar: lloros, gritos… y el llanto de uno entristece a un segundo, y la atención del otro la quiere un tercero y así...

Si hablamos del llanto...
¡Ay el llanto! Ahora que estoy inmersa de pleno, que lo acompaño, lo consuelo, lo sostengo, lo distraigo… hago lo que me sale del corazón, que viene a ser un poco de todo:
Lo primero es acompañar con la mirada, que el niño se sienta “escuchado”, es el primer paso para ejercer una presencia, imprescindible hacer notar esto en el niño.

En segundo lugar, acompañar con el cuerpo: aproximándote, pidiendo permiso, poco a poco, sin invadir el espacio que no quiere ser invadido, dejando que sea él quien se vaya acercando o que permita el acercamiento, esperar que nos vaya aceptando y, en todo caso, que nos pidan unos brazos o un regazo. 

Como último recurso, la voz, de la que tanto abusamos al relacionarnos con los pequeños, acaparando protagonismo y generando más de ese ruido del que os hablaba. La voz debe administrarse en pequeñas dosis porque tiene muchos efectos secundarios. 

En definitiva: estar disponible.
Cualidad de presencia basada en la escucha, en la empatía, la aptitud de ponerse en resonancia con los pensamientos y afectos del interlocutor. Es una actitud de respeto profundo hacia el otro.
Carl R. Rogers (1977).
Y así sucede, en una sola mañana se da toda una secuencia de pasos encaminados a iniciar una relación y, paulatinamente, ir construyendo el vínculo afectivo. La vertiente emocional está tan presente, tiene tanto peso en la adaptación, que se requiere de un gran esfuerzo personal por empatizar, por cuidar nuestra expresión, lo que decimos y lo que no (lenguaje no verbal), y por supuesto: mantener la calma.

Si pensamos en la separación...
Otro aspecto primordial, observar cómo cada persona vive la separación a su manera y necesita un tiempo, una atención, una estrategia diferente. Hay quien precisa, tras ese doloroso "adiós" con su referente, la distracción para dibujar una sonrisa. Pero debe ser respetuosa, es esencial, distraer con lo que sea solo con la finalidad de acallar el llanto lo deja latente. Cuando el llanto aflora dice te quiero, quiero estar contigo, no te vayas, vuelve pronto, estoy triste, tengo miedo, me siento desprotegido, me siento inseguro, no quiero quedarme en la escuela, prefiero estar en casa, con la familia, donde soy el verdadero protagonista, etc

Cuando el llanto, a veces el grito, la patada en el suelo, el golpe, el lanzar un objeto, el no querer consuelo, ni agua, ni un juguete, ni una canción… se ha podido manifestar, es un desahogo para el niño, es la manera de dar salida a un cúmulo de emociones que están produciendo un malestar interno y es bueno que encuentren la manera de fluir. Entonces sí es necesario ofrecer algo atractivo o que motive el querer quedarse en la escuela, sí que es una buena estrategia conocer los gustos del niño.

La acogida, por lo tanto, opino que requiere de cierto recogimiento, de un espacio delimitado, un lugar físico concreto donde sentirse recibido, reconocido. Una educadora que haga corrillo a su alrededor con un títere o una cajita que contiene ves a saber qué sorpresa... Una alfombra donde reunirnos, o incluso una mesa alrededor de la que sentarse, es importante que el espacio físico en el que tiene lugar la acogida transmita seguridad

Después de observar a los niños, que año tras año voy recibiendo, mi conclusión es que bastante tienen con luchar en la batalla que se está librando en su interior como para tener que dedicar las pocas fuerzas restantes en tomar decisiones, aprender a relacionarse con otros compañeros que ni conocen, hacerse al nuevo espacio, etc. Por eso, los primeros días, podemos otorgarnos la labor de tomar algunas decisiones que posteriormente les dejaremos tomar a ellos, podemos sacrificar un poco su autonomía si con ello conseguimos hacerles sentir más seguros.

Espero que mi reflexión sirva a las personas que están viviendo este proceso de separación con sus hijos con cierta tristeza, inseguridad, miedo, culpabilidad... que vean que familia y escuela jugamos en un mismo equipo, y que se permitan sentirse mal, todos tenemos este derecho, y tenemos derecho a llorar, es lo más normal del mundo. Ánimo que hay luz al final del túnel :)

Si os interesa el tema del acompañamiento de las emociones podéis releer entradas anteriores:

- ACOMPAÑAR: enlace aquí.
- ESTAR DISPONIBLE: enlace aquí.

domingo, 18 de septiembre de 2016

NO ME ACOSTUMBRO

A tener que acostumbrarme, básicamente. Así de claro.

Mi abuela, que era muy sufrida, la gente mayor de antes lo era bastante ¿no? O a lo mejor solo me lo parece a mí... El caso es, que de vez en cuando, soltaba una frasecita de esas de "ahí queda dicho" que me sacaba un poco de quicio. No era nada personal, siempre la he adorado, y tal vez por esa incapacidad de soltarse el pelo y vivir apasionadamente, también la he compadecido. Todo lo que implicase resignación, aguantarse, el típico "es así porque si", etc. nunca han sido santos de mi devoción, por decirlo suavemente. 

Recuerdo que al irse a la cama se despedía con un "hasta mañana, si Dios quiere" y yo siempre le respondía "querrá", no por nada, es que me daba mucho yuyu eso de acostarme pensando que tal vez no habría un mañana, me parecía muy apocalíptico, muy tremendo. Aunque, en ese caso, se puede pensar que no deja de ser una frase hecha, que no hay que tomársela al pie de la letra, ¡menos mal! Lo que pasa es que el "si dios quiere" servía para todo!! En plan:

-¿Comeremos paella?
-Si Dios quiere...
-¿Iremos al parque?
-Si Dios quiere...

Perdonad que le critique esta manía de dejarlo todo en manos de Dios, o el azar, claro que muchas cosas se escapan de nuestro control, pero quiero pensar que no todas!

El se tiene que acostumbrar me recuerda a esa tendencia a creer que las cosas son como son y no se pueden cambiar, a esa pasividad exasperante, a ese ver pasar sin mover un dedo, a dejarse vencer, a ceder...


Nunca me ha gustado esa palabra, como tampoco me gustan "adaptarse", "amoldarse", "habituarse". No me gustan porque son todo lo contrario a sorprenderse, al hecho de que cada día depara algo nuevo, distinto, especial...

Yo no me acostumbro a nada, ni a lo bueno (que dicen), porque me parece rutinario, falto de chispa, aburrido.





Y últimamente oigo mucho esa palabra refiriéndose a lo que se espera que haga Juno: que se acostumbre a estar con desconocidos, ¡por favor, no me acostumbro ni yo! Que se acostumbre a hacer cosas sola (dormir, jugar...), ¿es por ella, o por comodidad de los adultos que la cuidan, que debe hacer algo así? Que se acostumbre a separarse de mí; en esto directamente les diría que no se metan en lo que no le concierne. A estar sentada en: el cochecito, la silla del coche, en el regazo (y sin moverse ni rechistar ¡ojo!), a los viajes en coche... En fin, cosas que nos van muy bien que hagan los niños, pero que dudo mucho de si es lo más conveniente para ellos.

Todas las costumbres que pretenden que adquiera son negativas, en cierta manera tienen ese componente de resignación, de la vida es dura. Pues mejor no sufrimos de antemano ¿no? solo por acostumbrarnos, digo yo. Ahora he tenido un "déjà vu" con alguna entrada anterior, seguro que ha salido ya el tema antes porque me tiene bastante hasta allí arriba.

Hay muchas cosas a las que no me acostumbro ni me acostumbraré nunca, solo así existe la posibilidad de cambiarlas. Sin gente inquieta, atrevida, e incluso temeraria, no existirían la mitad de inventos, ni de logros, ni de conocimientos de los que hoy somos beneficiarios, pero tampoco pretendo ir tan lejos, yo me conformo con que dejen de pedir a Juno que se acostumbre y que valoren más otros aspectos como su determinación para mostrar lo que le gusta y lo que no.

jueves, 15 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ HAY DÍAS EN LOS QUE...?

Hay días en los que acabo agotada;
me pesa exageradamente el cuerpo,
pero más me pesa la carga que llevo sobre los hombros.

¿Sabéis a qué me refiero?
Es la sensación de llevar un lastre,
es una suma de pequeñas cosas
que juntas se vuelven gigantes.









Todas las imágenes tomadas por Miguel
Hay días en los que no hay sueño reparador que valga,
ni baño con sales relajantes, ni abrazos que sostengan.

En esos días en los que quisiera desaparecer, 
ser humo o brisa, 
vaciar el alma y empezar de nuevo.

¿Por qué elijo siempre la pregunta complicada,
 la opción difícil,
 el camino más largo?

¿Por qué no sé callar y sonreír,
mirar hacia otro lado,
ni padecer ni sentir?

¿Por qué no sé hacer que no me importe,
 que me de igual, 
que me la traiga al pairo?

¿Por qué no sé pasar del tema,
ignorar el tema?
¡malditos temas!

¿Por qué me siento minoría,
 a menudo incomprendida 
y frecuentemente cuestionada?

¿Por qué soy carne de cañón 
aunque lucho con garras afiladas?

¿Por qué odio dar explicaciones
y me da tanta pereza justificarme?

¿Por qué no soy más simple?
[Simple= fácil, sencillo, sin complicación.]

¿Por qué nunca fui lo que se esperaba de mí 
y luego fui lo que se esperaba de mí?
¿Por qué las dos opciones son malas? Para mí...

¿Por qué hay días en que me siento cansada
 y aún así no puedo dormir
 y necesito escribir para vaciarme un poco
y dejar que fluya esa emoción contenida,
 como el humo?

 ¿Por qué hoy es ese día
aunque no me sienta ni triste, 
ni mal, ni nada?

¿Por qué no me permito jamás estar triste?
 Vale, pregunta retórica: 
porque pienso que en el mundo
 hay gente con más derecho a esa tristeza.

¿Por qué cuando hablo de tristeza siempre me viene a la cabeza una frase de una canción?
"Hay un pensamiento triste, como el cuarto de la plancha..."

 ¿Acaso se gasta la tristeza?,
¿acaso yo no puedo tomar una pizca
 para derribar el cúmulo de pequeñas partículas
 que han formado una roca indestructible?

Y mañana por fin es viernes,
y vuelvo a pensar en una canción:
"ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando...",
y sin querer he retrocedido muchos años atrás
cuando esta canción realmente me hacía sonreír.

Y cuando llega mi amor todo (siempre) es mejor.
Fin.

P.D.: Tengo dos grandes amores <3<3

jueves, 8 de septiembre de 2016

LA PIEL

Ayer cuando me reencontré con Juno pensé que
dar el pecho no es fácil, pero es maravilloso


Los comienzos fueron muy difíciles y dolorosos, y aún sintiendo auténtico dolor 
(del de morderse el labio y retorcer los dedos de los pies contra el suelo)
das el pecho con todo el amor que eres capaz: eso si es amor incondicional.

Ahora, lo difícil es no sentirse culpable por haberle dado el pecho, aunque parezca una incoherencia, porque a ese dar el pecho le estoy tan agradecida, me ha dado tanto... Y el sacaleches, de nuevo, se ha convertido en un imprescindible.

Parece que el pecho es la causa de que Juno lo pase mal al separarse de mí. Pero es como no enamorarse para no sufrir un desengaño, no arriesgarse por miedo a perder, no ser feliz por miedo a que un día llegue la tristeza... Hace tiempo que las matemáticas exactas no me cuadran, que el causa-efecto no me parece tan evidente, que vivo sin estar pendiente de los por si acaso porque es como vivir a medio gas, y yo soy de ir a por todas.

Ayer me acordé de unas fotografías que le tomé a Juno después de un rato de juego compartido piel con piel. Pensé en lo importante que es para mí tocarla, acariciarla, abrazarla, sentirla, estrujarla, besarla... Me encanta apoyar la nariz sobre su cabecita cuando duerme y sentir su olor a magdalena. Acariciar sus piernas y reseguir cada mollita. Dibujar la línea de su espalda y ver como da un pequeño respingo de cosquillas y agustosimiento. Buscar ese pliegue de carne que se forma en la base del cuello cuando descansa a mi lado mirándome de reojo medio adormilada.



Me gusta que sus manitas me busquen para sentirme cerca y que sus pies me trepen y se acomoden sobre mi cuerpo, encajándose, fundiéndose carne con carne.

Este es mi tributo a la piel
al vínculo afectivo que se forja a partir del contacto físico, directo.




Y además,
 a la lactancia, al colecho, al desnudo.


Es mi tributo a sentir
A los dedos que descifran texturas
 A comer con las manos
A andar descalzo...
A pasear cogidos
A dormir abrazados...


Buenas noches, shhht... 

lunes, 5 de septiembre de 2016

ADAPTARSE A LOS CAMBIOS

Hola a todos y especialmente aquellos que no soportáis el calor, ¡septiembre nos va a derretir! Hasta a las frioleras como yo nos falta el aire :(

El viernes empecé a trabajar, y lo hice encantada e ilusionada, por una parte, y con la penilla de dejar a mi bolita, por otra. Me considero una afortunada, viendo como otras madres no pueden alargar a penas nada su baja maternal, más allá de los cuatro meses (no me cabe en la cabeza, creo que debería ser un derecho del niño poder crecer en compañía de su padre y su madre, o al menos de uno de los dos, como mínimo hasta el año. Todos los que habéis tratado con bebés sabéis que con un año de vida aún necesitan, más que cualquier otra cosa en el mundo, de sus cuidadores), yo me he incorporado al trabajo a la semana de que Juno cumpliera un año y, sinceramente, creo que para ella ha sido muy duro.

Quién la conoce sabe que le gusta la gente, le encanta interaccionar con otras personas, incluso con auténticos desconocidos. En casa es un torbellino que todo lo investiga, que se pone a prueba día a día y que juega sin parar. Su cara tiene esa picardía de quién está tramando algo, siempre con la sonrisa preparada, siempre alegre y vital. Así se muestra ella en su vida diaria junto a nosotros.

El viernes, no sé si es porqué le pilló por sorpresa o porque se quedó con Miguel, pero respiré tranquila al saber que había pasado un buen día, a pesar de que echó de menos el pecho y, supongo, mi cariño, mi contacto, mis abrazos... jejjeee!!! Cuando abrí la puerta a las tres y media de la tarde, su sonrisa y sus brazos señalándome para que la cogiera fueron el mejor regalo del mundo. Pero hoy lunes, ha sido muy duro para ella, y su cara cuando me ha visto abrir la puerta no ha sido de alegría y entusiasmo, como acostumbra, su carita de pena me ha dejado sin palabras. Se ha quedado con mi madre, que la ha cubierto de mimos y ha estado exclusivamente pendiente de ella, pero no ha sido suficiente, obviamente no.

Nunca demos por hecho que un niño por ser sociable, extrovertido, aparentemente independiente (para su edad), no sufre, de igual modo que cualquier otro, la separación con su madre (o principal referente). Incluso hay niños que lo expresan y otros que lo reprimen, pero aún así, la separación, forzada por las circunstancias que sean, es un proceso de asimilación interno que cada persona hace a su manera.

Este periodo de acogida en la escuela (aunque más conocido como de "adaptación") va ha ser muy especial, intenso, importante, y creo que inolvidable, para mí: como maestra y como madre, como consoladora y como sufridora, como brazos que arropan y como brazos que dejan. 

Islas Cíes
Hoy todo mi tiempo es para Juno, salvo el ratito que he dedicado a escribir esto y desahogarme de este modo, ¡qué bien me ha ido!

Un beso a todos y mucho ánimo a las familias que os veis obligadas a separaos de vuestros hijos.